El Mundial 2026 no está siendo el escenario soñado para Bélgica. Lo que muchos consideraban una de las selecciones con potencial para ir lejos, se encuentra en una situación delicada tras un nuevo traspié. Después de debutar con un empate 1-1 frente a Egipto, los Diablos Rojos volvieron a decepcionar al no poder superar a una Irán que, a pesar de sus problemas extradeportivos relacionados con los visados en Estados Unidos, demostró una resistencia encomiable en la Fase de Grupos, Jornada 2.

El encuentro, disputado el 21 de junio de 2026, dejó a una Bélgica con más dudas que certezas. La escuadra dirigida por Rudi Garcia se mostró incapaz de desarmar la sólida defensa iraní, que llegó al partido tras un prometedor 2-2 ante Nueva Zelanda y con la moral alta. Este empate sin goles subraya las carencias ofensivas de un equipo que parecía tenerlo todo para brillar en la cita mundialista.

Un arranque incierto y cambios en el once belga

Con la urgencia de sumar tres puntos, Rudi Garcia no dudó en agitar su once inicial, realizando hasta cuatro modificaciones respecto al deslucido debut. La novedad más relevante fue la titularidad de Romelu Lukaku, quien regresaba para aportar peso en el ataque en lugar de Jérémy Doku, ausente por enfermedad. Sin el desborde del extremo del Manchester City, el plan de Bélgica parecía centrarse en el control del balón y la calidad individual.

Sin embargo, la posesión belga, liderada por un Kevin de Bruyne generoso en la distribución pero a veces lento en la ejecución, careció de la profundidad necesaria para generar peligro real. Los centros al área no encontraban a Lukaku con claridad, y cuando lo hacían, la zaga iraní o su portero estaban bien posicionados. Irán, por su parte, adoptó un conservador esquema 5-4-1, defendiendo en bloque bajo y esperando sus oportunidades, las cuales, aunque escasas, supieron explotar.

Beiranvand y Courtois: Los muros del partido

El partido fue, en gran medida, un duelo de porteros. Por el lado belga, Thibaut Courtois tuvo que emplearse a fondo en la primera mitad para desviar un potente disparo a la media vuelta de Hossein Kanani, evitando lo que hubiera sido un golpe anímico importante. Antes del descanso, el VAR también jugó su papel al anular un gol de Mehdi Taremi, tras una jugada ensayada de falta que había descolocado a la defensa belga.

En el otro extremo, Alireza Beiranvand, el guardameta iraní, se erigió como la gran figura del encuentro. Frustró intentos de Maxime de Cuyper y Youri Tielemans en la primera parte, y tras el descanso, continuó su recital. Courtois tuvo que hacer otra parada de mérito a un disparo de Taremi, pero poco después, Beiranvand respondió con una mano providencial a un remate a bocajarro de De Cuyper, manteniendo su portería a cero con heroicidad.

Errores que complican y una última esperanza

Rudi Garcia intentó dinamizar el ataque belga con un triple cambio que, por momentos, insufló aire fresco al equipo, destacando el empuje del ex sevillista Dodi Lukébakio. No obstante, un grave error del joven central Nathan Ngoy (23 años), quien falló en una entrega a Courtois, pudo costar caro. Taremi aprovechó la indecisión y Ngoy tuvo que derribarlo para evitar que se plantara solo frente al portero, una acción que generó un momento de tensión en el minuto 67.

Pese a los intentos finales, con De Cuyper como el jugador belga más incisivo, Beiranvand volvió a ser el héroe, asegurando un punto que la afición iraní celebró con euforia, conscientes de la importancia de este resultado frente a los desafíos geopolíticos que enfrenta su selección. Para Bélgica, el consuelo es que una victoria en la última jornada frente a Nueva Zelanda les daría la clasificación, pero la sombra de la decepción sigue siendo alargada. Será un partido a vida o muerte para los Diablos Rojos, donde no hay margen para un nuevo tropiezo.