Un estreno prometedor que se queda en nada
La Real Sociedad regresó de Sevilla con la sensación de haber dado todo en su estreno liguero, pero con las manos vacías. Aunque el equipo mejoró notablemente en aspectos defensivos —algo que no pasaba desapercibido en un ambiente generalizado de críticas—, la falta de puntería y la incapacidad para materializar las ocasiones que tuvo terminaron condenando su primera jornada en LaLiga. No fue un mal partido en términos de estructura, pero el resultado (0-0) refleja una realidad incómoda: el equipo sigue sin sumar en su estreno y, lo que es más grave, sigue sin encontrar la portería rival con la frecuencia necesaria.
Lo más preocupante no es solo el cero en la columna de puntos, sino el contexto. La Real acumula ya 18 partidos consecutivos sin mantener su portería a cero, un dato que habla por sí solo. La última vez que lo logró fue en el 2-0 ante el Levante, el 4 de abril, justo dos semanas antes de la final de Copa. Desde entonces, errores individuales, defensas desorganizadas y una clara falta de solidez en los momentos clave han lastrado al equipo. Y aunque en el Sánchez-Pizjuán el conjunto txuri urdin mostró una versión más compacta y ordenada, el problema sigue siendo el mismo: defender mejor no es suficiente si no se traduce en victorias.
El cambio de Matarazzo: más orden, pero no magia
El técnico brasileño, Matarazzo, ha insistido durante todo el verano en la necesidad de reforzar la solidez defensiva, y en Sevilla se vio un equipo más organizado, con líneas más juntas y una mayor capacidad para contragolpear. Zubeldia, por ejemplo, lució mucho más cómodo en la derecha, aunque el desplazamiento de Jon Martín a la izquierda —donde no está tan acostumbrado— dejó algunas dudas. Yangel brilló con luz propia, firmando posiblemente su mejor actuación como realista, mientras que Sergio Gómez y Aramburu demostraron una entrega y una intensidad que el equipo necesitaba.
El problema es que este enfoque más conservador también limitó la capacidad ofensiva del equipo. En la primera hora, la Real buscó robar balones y salir al espacio con rapidez, pero en juego estático le costó mucho generar ocasiones claras. Cuando el Betis se vio obligado a reaccionar —tras el 0-0—, los andaluces encontraron espacios en las transiciones rápidas y en los reinicios, poniendo en apuros a una defensa que, aunque mejoró, sigue mostrando lagunas en estas situaciones. La clave no está solo en defender, sino en hacerlo sin dejar huecos peligrosos.
El eterno debate: ¿Dónde está el error?
El Real Sociedad de esta temporada sigue sin encontrar su identidad. Matarazzo ha logrado que el equipo sea más compacto y menos propenso a regalarse goles como en temporadas anteriores, pero el precio ha sido alto: un juego más predecible y menos letal en ataque. En Sevilla, el equipo tuvo ocasiones, pero ninguna llegó a materializarse. Y eso, en un fútbol donde los detalles marcan la diferencia, es un lujo que el conjunto txuri urdin no puede permitirse.
Además, el partido dejó en evidencia otro problema recurrente: las transiciones defensivas tras pérdida. Aunque en algunas ocasiones se defendieron bien, otras veces el Betis encontró espacios peligrosos en recuperaciones rápidas, algo que el equipo debe pulir si quiere ser competitivo esta temporada. El centro del campo, que en teoría debería ser el motor del equipo, sigue sin dar ese salto de calidad necesario para equilibrar el juego.
¿Qué viene ahora? El Bernabéu como termómetro
Tras un estreno decepcionante en términos de resultados, la Real Sociedad tiene ante sí un nuevo reto: el viaje al Santiago Bernabéu. Un Real Madrid en plena efervescencia goleadora será un examen de fuego para un equipo que, aunque ha mejorado en defensa, sigue sin encontrar la fórmula para ganar partidos. ¿Podrá Matarazzo mantener ese orden táctico sin sacrificar la capacidad ofensiva?
Lo cierto es que, por ahora, defender mejor no es suficiente. El equipo ha dado pasos en la dirección correcta, pero la falta de eficacia y la incapacidad para capitalizar las ocasiones siguen siendo sus mayores enemigos. La afición txuri urdin merece un equipo que no solo no se regale goles, sino que también sea capaz de marcar los suyos. El tiempo dirá si este nuevo enfoque da sus frutos o si, por el contrario, la Real Sociedad sigue condenada a ser un equipo de “casi” en LaLiga.
Para el aficionado: entre la esperanza y la realidad
Si hay algo que queda claro tras el estreno en Sevilla es que la Real Sociedad ha cambiado. Ya no es el equipo que regalaba goles con facilidad, ni el que se desmoronaba en los momentos clave. Pero también es cierto que un equipo no se construye solo con solidez defensiva.
La afición merece ver a su equipo competir de tú a tú con los grandes, y para eso no basta con sufrir menos: hay que ganar. Matarazzo tiene la difícil tarea de encontrar el equilibrio entre orden y ataque, entre sufrimiento y espectáculo. El Bernabéu será el primer test real de si este proyecto está en el camino correcto o si, por el contrario, necesita un giro más radical.
Por ahora, la Real sigue en números rojos. Pero al menos ha dejado una imagen más digna que en temporadas pasadas. Eso, al menos, es un avance.